Es posible que estas tres palabras les suenen a slogan electoral, que lo es. Si le añaden climático, la historia cambia, quizás porque esté de moda (y hasta en la sopa dirán algunos) y el personal ande levemente mosqueado por lo que, al parecer, se viene encima.
Desde aquellos lejanos tiempos del comienzo de la destrucción de la capa de ozono, los clorofluocarbonados, la lluvia ácida o la vuelta al desierto de enormes zonas del planeta, nadie ha sabido ni querido explicar con claridad meridiana el significado de estos conceptos. Es más, al lado de los 'advertidores del desastre' siempre han aparecido los 'detractores del catastrofismo científico', tirios y troyanos cual costumbre... y la casa sin barrer por distintos tipos de intereses.
Así se han ido pasando los años, ecologistas milenaristas contra políticos y economías; científicos eminentes y con las pruebas en la mano contra los exabruptos de otros supuestos científicos magníficamente becados; el mundo de Goliath contra las verdades de David ...
La falta de transparencia informativa gubernamental ha hecho que la opinión pública se preocupe más de sus play-stations y otros ocios, justo hasta el momento en que sucede una catástrofe como la de este fin de semana en la comunidad valenciana.
Entonces sí, se pone el grito en el cielo, se echa la culpa a los meteorólogos, al sursum corda (ZP por supuesto) y, mientras se sigue con la play, se afloja un poco el monedero porque hay que dar unas subvenciones a los perdedores. Y tan anchos ...
La verdad es otra y apenas sale a la luz, salvo los gritos en la taiga de los de siempre. El desastroso boom de la construcción en Levante (Spain), -y en otros muchos lugares- sin respetar la más mínima regla ni medioambiental ni siquiera de cordura, ha propiciado el levantamiento de edificios, casas, marinasdenosequé, en los lugares menos adecuados. Asimismo se han desviado cauces de ríos, ocupado rieras, jugado en suma con el azar. Y como es sabido, el agua vuelve antes o después donde solía. Añadan a esto un caudal de 400 litros por metro cuadrado y tendrán la ecuación resuelta.
Así prácticamente en toda nuestra costa, que es amplia; incluso existen planes para ocupar lugares de costa insólitos por mor del afán constructor y de no quedarse atrás ante los supuestos beneficios turísticos. Las barbaridades puestas en marcha, el afán de 'golfizar' a los boinas, la ceguera dirigente conduce inexorablemente a la catástrofe antes o después. Puede que ni haga falta cambio climático en todo su esplendor...
Curiosamente, o tal vez paradojas de la modernidad, el Ministerio de Medio Ambiente, anda metido de hoz y coz en esta pelea con CC.AA, Industria y otras indefiniciones. Dado que en realidad no tiene competencias intenta remediar los desaguisados con un sistema asaz peregrino:en cuantoque dispone de presupuesto para Costas y otros menesteres, coloca su punto de mira allá donde ya se ha culminado el atentado y, a fin de intentar remediar tal, compra la zona, el monstruo golfístico, lo que sea o lo que puede, con el afán de 'regenerar la costa' e incluso dinamitar el engendro. Alguien se preguntará si esto no podría haberse previsto, pero ya se sabe ... es que las CC.AA tienen esas competencias... ¡coño!... ¿y por qué razón se las han concedido? ... ah chi lo sa ... Coda: los delirios de los virreinatos los pagamos entre todos, o sea ...
Insistimos en que, hace veinte años y ahora mismo, todo esto no ha sido explicado por las Administraciones o en tal caso con algún 'bueeenoooo' solbesiano. Item más: cuando alguien con suficiente fuste científico, reconocido internacionalmente, capaz de poder trasladar a la opinión pública su saber sin dictar cátedra, conciso y claro a la hora de trasladar sus conocimientos de modo creible y didáctico, The Central Administration lo relega y punto menos que le 'prohibe' poner en conocimientos de las gentes lo obvio.
Permítaseme la licencia de citar en este post y con la mejor de las intenciones, el caso de Luis Balairón, físico, meteorólogo, jefe del Servicio de Variabilidad y Predicción del Clima, del Instituto Nacional de Meteorología, dependiente del MIMAM (Ministerio de Medio Ambiente). Este científico, reconocido internacionalmente y poseedor de una portentosa facilidad para explicar cuestiones un tanto enrevesadas como las que estamos tratando, anda un poco a su aire, sin excesivos apoyos de la Admón, un tanto ninguneado por algún tonto de capirote aspirante a ministro de la cosa.
No ha mucho, en un programa de madrugada en la radio estatal, le escuché diferenciar conceptos que la opinión pública confunde normalmente: calentamiento global, cambio climático, clima y tiempo meteorológico. Su explicación fue tanclara, concisa y entretenida que no pude por menos de suspirar por una política informativa similar, solo que en la Secretaría de Estado de Comunicación, donde se suele confundir el culo con las témporas y, lo que es peor, la tal información va en cadena, como el IVA, de donde se deduce que en llegando a los trinisterios... pongan ustedes lo que deseen.
Así son las cosas y así se las he intentado transmitir. 'Al César lo que es del César ...' .
Nota bene: próximamente comentaremos la teoría que, desde 1988, mantiene Richard Lindzen, científico del MIT, que no solo asevera que la lucha por el recalentamiento del planeta es irracional, sino que viene en afirmar que 'transformar la economía industrial por el cambio climático es volver al siglo XVIII'.